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Es un espacio de referentes religiosos como Homenaje
a Eduardo Chillida y a su obra, construido como alegoría al monasterio,
en su claustro, capilla y cipreses. El muro como separación simbólica
de lo urbano y puerta de acceso franqueada por dos cipreses: torsos referidos
a los primeros trabajos de Eduardo y con el hierro como material. Dos
torsos que conversan en la quietud del claustro, podrían ser Chillida
y Unamuno, hombres universales que llegaron a esta isla para terminar
amándola.
La Capilla: cerrada, sin acceso. Espacio
imposible de habitar, solo en su interior energía, energía
emergiendo desde el suelo donde destaca.
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Soñando
la libertad de la materia, mirando con sus ojos, dos pulmones que respiran,
que quieren ser también horizonte hacia el que miran. Construcción
que rivaliza con los búnkeres que tras el monumento en los alrededores
vigilan mudos, sin embargo yo no los vi como tal como tal como son, sino
como cabezas semienterradas con los ojos mirando también a ese
horizonte infinito con sus troneras estilizadas como ojos de Budas orantes.
Es así como nace este espacio como homenaje personal y del pueblo
de Fuerteventura a mi amigo Eduardo Chillida.
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